
Ha sido una semana políticamente activa con las típicas prisas eufóricas de las compras de Navidad. Tampoco han cesado los movimientos de tomas de posición entre las empresas que cotizan en bolsa, en particular aquellas que se ven en el meollo de la pugna en Endesa.
No deja de sorprenderme que personajes de nuestra reciente Historia y que han aportado a hacer futuro sigan empecinados en algo tan absurdo como no admitir la evolución, en la dirección que sea, de la vida cotidiana española a pesar de que ya no sean los que dirigen los designios del Estado.
El otro día regresó de su dorado exilio de conferenciante en Georgetown D. José Mª Aznar con un “look” desenfadado y una muñeca repleta de signos de su aparente espiritualidad.
Como mantengo siempre un criterio receptivo a todos los cambios antes de forjar una opinión definitiva, pensé, a ver que tiene novedoso que aportar tras sus recientes permanencias fuera de España.
Cual fue mi decepción al comprender que seguía hablando en primera persona, con una cierta petulancia de lo que era correcto y bueno. Repitió lo que ya había dicho en otras ocasiones y recalcó que estaba retirado de la política. Suerte él que a su edad pueda presumir de estar retirado, al tiempo que tiene su pensión garantizada hasta sus últimos días.
A pesar de repetir sus afirmaciones y convicciones, sin embargo, eché en falta algo que hizo que no me convenciera. Primero, intenté analizar el contenido racional de la entrevista y solamente me venía en imagen un mensaje subliminal tras sus palabras de que emocionalmente decía lo contrario que sus palabras.
Es curioso que no nos demos cuenta que cuando hablamos, una cosa es lo que expresamos oralmente y otra cosa todo lo no dicho pero sí expresado desde lo más interno de nuestro ser.
Debo volver a mis anteriores escritos sobre lo que, como experto en relaciones humanas, he criticado sin ánimo de ofensa personal a algunos políticos por “su mala escuela” en lo que se refiere a su manera de ejercer sus habilidades de liderazgo.
Hoy, sin entrar en un análisis de la actividad de retirado de un ex-Presidente de Gobierno, no puedo por menos criticar constructivamente su reaparición en la escena española en un programa matutino visto por una audiencia general amplia.
Si Aznar lograra desbancar al malherido Gobierno presidido por D. Felipe González, su fortaleza radicó en un mensaje coherente y de ambición comedida. Cierto que las circunstancias ajenas al candidato de la entonces oposición y atribuibles únicamente a errores del partido en el Gobierno ayudaron pero los votantes independientes valoraron su mensaje claro de cambio y su compromiso para gobernar dos mandatos.
El Sr. Aznar que habló esta semana, a pesar de su mensaje oral de que no quiere regresar a la política, a lo largo de toda la entrevista con una presentadora de una cadena privada, no dejó de mandar mensajes emocionales para que supieran que estaba disponible para hacer política de nuevo. De hecho, la entrevista fue toda una incursión en los asuntos políticos que hoy atañan la preocupación de los que sí están involucrados como representantes electos del Parlamento Español. El Sr. Aznar ya no lo es.

Como ciudadano, mi preocupación es doble. En primer lugar, si como ciudadano el buen señor tiene el mismo derecho que yo para tener sus propios criterios políticos, como ex-mandatario debe observar unas reglas de conducta ética en sus actuaciones y declaraciones que le hagan digno de la pensión de ex–Presidente que percibe. Además, debe comprender que por el mero hecho de haber sido quien fue y que con sus decisiones haber forjado parte de nuestra reciente Historia con consecuencias que aún estamos sufriendo, sus palabras en cualquier foro o medio tienen un peso específico que dudo tengan las de un humilde ciudadano de a pie como yo.
En segundo lugar, al no ocupar ningún cargo político ni estar como parlamentario en ejercicio, tanto por respeto al Gobierno del Estado actual así como a su compañero de partido y actual líder de la oposición, no debe inmiscuirse en un análisis minucioso de las actuaciones políticas de los políticos electos y cargos vigentes. Dice muy poco en su favor y denota una mala escuela hablar en los términos que habló tanto del Presidente de todos los Españoles como del actual Presidente del PP.
En una semana donde precisamente iba a celebrarse un encuentro entre los Sres. Rodríguez Zapatero y Rajoy, la aparición del Sr. Aznar en escena, como mínimo fue inoportuna.
Lo que me hace preguntarme si es todo parte de una táctica de marketing, algo tan norteamericano como tantas otras que tanto chiflan a nuestro ex–Presidente. Además, se de buenas fuentes en el exterior que las actividades al otro lado del Atlántico van más allá de conferenciante y entran más en lo de consultor en un terreno también tan “yankee” como son los “lobbies”.
Quizá el Sr. Aznar estaba probando su carisma en la televisión antes de iniciar de lleno el asalto en nombre y con “la pasta verde” de no menos que el magnate de comunicación Murdoch.
A ver que escuela muestra nuestro ex-Presidente en esta su etapa de político “lobbyista” en su retiro dorado.
No deja de sorprenderme que personajes de nuestra reciente Historia y que han aportado a hacer futuro sigan empecinados en algo tan absurdo como no admitir la evolución, en la dirección que sea, de la vida cotidiana española a pesar de que ya no sean los que dirigen los designios del Estado.
El otro día regresó de su dorado exilio de conferenciante en Georgetown D. José Mª Aznar con un “look” desenfadado y una muñeca repleta de signos de su aparente espiritualidad.
Como mantengo siempre un criterio receptivo a todos los cambios antes de forjar una opinión definitiva, pensé, a ver que tiene novedoso que aportar tras sus recientes permanencias fuera de España.
Cual fue mi decepción al comprender que seguía hablando en primera persona, con una cierta petulancia de lo que era correcto y bueno. Repitió lo que ya había dicho en otras ocasiones y recalcó que estaba retirado de la política. Suerte él que a su edad pueda presumir de estar retirado, al tiempo que tiene su pensión garantizada hasta sus últimos días.
A pesar de repetir sus afirmaciones y convicciones, sin embargo, eché en falta algo que hizo que no me convenciera. Primero, intenté analizar el contenido racional de la entrevista y solamente me venía en imagen un mensaje subliminal tras sus palabras de que emocionalmente decía lo contrario que sus palabras.
Es curioso que no nos demos cuenta que cuando hablamos, una cosa es lo que expresamos oralmente y otra cosa todo lo no dicho pero sí expresado desde lo más interno de nuestro ser.
Debo volver a mis anteriores escritos sobre lo que, como experto en relaciones humanas, he criticado sin ánimo de ofensa personal a algunos políticos por “su mala escuela” en lo que se refiere a su manera de ejercer sus habilidades de liderazgo.
Hoy, sin entrar en un análisis de la actividad de retirado de un ex-Presidente de Gobierno, no puedo por menos criticar constructivamente su reaparición en la escena española en un programa matutino visto por una audiencia general amplia.
Si Aznar lograra desbancar al malherido Gobierno presidido por D. Felipe González, su fortaleza radicó en un mensaje coherente y de ambición comedida. Cierto que las circunstancias ajenas al candidato de la entonces oposición y atribuibles únicamente a errores del partido en el Gobierno ayudaron pero los votantes independientes valoraron su mensaje claro de cambio y su compromiso para gobernar dos mandatos.
El Sr. Aznar que habló esta semana, a pesar de su mensaje oral de que no quiere regresar a la política, a lo largo de toda la entrevista con una presentadora de una cadena privada, no dejó de mandar mensajes emocionales para que supieran que estaba disponible para hacer política de nuevo. De hecho, la entrevista fue toda una incursión en los asuntos políticos que hoy atañan la preocupación de los que sí están involucrados como representantes electos del Parlamento Español. El Sr. Aznar ya no lo es.

Como ciudadano, mi preocupación es doble. En primer lugar, si como ciudadano el buen señor tiene el mismo derecho que yo para tener sus propios criterios políticos, como ex-mandatario debe observar unas reglas de conducta ética en sus actuaciones y declaraciones que le hagan digno de la pensión de ex–Presidente que percibe. Además, debe comprender que por el mero hecho de haber sido quien fue y que con sus decisiones haber forjado parte de nuestra reciente Historia con consecuencias que aún estamos sufriendo, sus palabras en cualquier foro o medio tienen un peso específico que dudo tengan las de un humilde ciudadano de a pie como yo.
En segundo lugar, al no ocupar ningún cargo político ni estar como parlamentario en ejercicio, tanto por respeto al Gobierno del Estado actual así como a su compañero de partido y actual líder de la oposición, no debe inmiscuirse en un análisis minucioso de las actuaciones políticas de los políticos electos y cargos vigentes. Dice muy poco en su favor y denota una mala escuela hablar en los términos que habló tanto del Presidente de todos los Españoles como del actual Presidente del PP.
En una semana donde precisamente iba a celebrarse un encuentro entre los Sres. Rodríguez Zapatero y Rajoy, la aparición del Sr. Aznar en escena, como mínimo fue inoportuna.Lo que me hace preguntarme si es todo parte de una táctica de marketing, algo tan norteamericano como tantas otras que tanto chiflan a nuestro ex–Presidente. Además, se de buenas fuentes en el exterior que las actividades al otro lado del Atlántico van más allá de conferenciante y entran más en lo de consultor en un terreno también tan “yankee” como son los “lobbies”.
Quizá el Sr. Aznar estaba probando su carisma en la televisión antes de iniciar de lleno el asalto en nombre y con “la pasta verde” de no menos que el magnate de comunicación Murdoch.
A ver que escuela muestra nuestro ex-Presidente en esta su etapa de político “lobbyista” en su retiro dorado.
Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Experto en Relaciones Internacionales